El problema del querer

Ella lo quiere a él. Él no quiere a nadie ahora. A veces quiere, pero cuando quiere le dura tan poco que luego se transforma en uno de esos tipos a los que llaman rompecorazones. El tipo de al lado, en cambio, está enamorado de ese otro, profundamente, como esos amores de los que hablan los escritores viejos. Cuando pasan por la calle Santo Domingo, y anda poca gente, porque es fin de semana, siempre aprovecha para darle un beso frente al parque. Es pudoroso y teme agarrarle siquiera la mano en la calle, pero su amor es más grande y le gusta besarlo frente a los árboles.

Ella no quiere a Santiago, dice que es una ciudad muy gris, muy contaminada y que la gente no es muy amable, por eso ella se viste de negro y va pateando la perra todo el camino a casa. A su lado camina este otro hombre, quien antes de enterarse del engaño, quería tanto a su pololo, tanto como así mismo, como para ser capaz de dejar de lado cualquier pensamiento oscuro que surgiera (Sus pensamientos oscuros iban desde los celos hasta el desapego) Después lo único que quería era olvidar, y así por mucho tiempo. "¿Qué sabes tú de querer?", se seguía preguntando después frente al espejo con la misma curiosidad con la que miraba a su perro a los ojos. Creía haberse equivocado de querer.

Él quiso casarse tantas veces, y así lo hizo. Ella mientras tanto, mientras pasaba su vida, vio pasar el tiempo y nadie nunca quiso casarse con ella. Ahora es de esas señoras de fe de las que dicen "se han quedado para vestir santos". Ellos en cambio quieren algún día llegar al altar juntos, o al escritorio del registro civil, por eso en algún lugar del futuro es necesario que se encuentren y que él le diga "quiero pasar contigo todo el resto de vida que pueda". Bastante lejos de allí ese tipo caminando apurado por la calle Portugal, no sabe lo que quiere, ha pasado mucho tiempo y no sabe aún lo que quiere. Lo miro y me pregunto ¿Quién le dirá?

Ella nunca quiso estar viva para enterrarlo. "Lo hubieras visto", decía en el funeral. "Ahora lo único que quiero es estar tranquila, yo lo amaba tanto". Los niños y jóvenes que miran la escena no entienden demasiado, pero comparten las lágrimas. Uno de ellos quiere salir corriendo y encontrar pronto la razón de aquellas. Entonces es cuando llega el tipo que amará por siempre, algo que aún no sabe, recibe una palmada en la espalda y un apretón en el hombro. "¿Tu quieres ser el último o quieres ser el primero?", le pregunta.

Él quiere parecer algo que no es. Se lo hizo creer a la gente, pero, por más que quiso, no pudo separarse de la verdad. No da lo mismo lo que quieres, le dijeron, pero como no quería mirarse a sí mismo, no entendió. "¿Esto es lo que querías?", fue la pregunta categórica que escuchó al final de la discusión. No sabía lo que quería, y eso no era menos fatal. Justo por arriba de él hay alguien que quiere llegue su turno, pero sabe que eso no pasará, por lo menos hasta que su querer coincida con un otro tan grande querer.

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