Encuentros llenos de sentido
Cuando era chico quería ser un superhéroe, un justiciero o un santo. Con el tiempo uno se da cuenta que hay cosas que no puede ser, y que el problema es mayúsculo ¿Qué puedes ser? Y entonces cuando empiezas a pensar en opciones la primera problemática será decidir intuitivamente cuál será la medida del éxito. Luego además buscamos coherencia, y que las cosas que hacemos y decimos ahora sean un ejemplo o una justificación para lo que vendra después. Así creemos que podemos planificar nuestra vida paso a paso y sin dudas.
El viaje en micro desde Vicuña Mackenna hasta Grecia con Macul está lleno de caras de personas por las cuales uno se pregunta ¿sabrán lo que hacen? Cientos de personas con el peso de decisiones que tomaron hace años o hace 5 minutos. Todos quieren ser alguien, alguien que ellos mismos prometieron ser. Todo para darle sentido a sus vidas. Y por otro lado esperando el momento mágico, ese encuentro con la persona que aman y que parece sacarlos de sí.
Mi profesor del magíster decía que existen esos encuentros, conmovedores (esa palabra la agrego yo), que se desbordan de sentido, cuando dos personas se miran, se hablan o callan, pero cada cosa que hacen está absolutamente dedicada y complementada con una respuesta y puedes leer mil cosas en ellos. Algo como el amor que tiene en el cerebro un efecto tan fuerte como el de una droga. Tan fuerte es que burla cualquier planificación, previsión o cautela.
Cuando eso sucede todo toma un nuevo sentido. El cielo se ve distinto y te vas a dormir como si el día hubiese estado mejor, como si todos nuestros sueños se hubiesen cumplido, eres el superhéroe que siempre quisiste ser. Al final te das cuenta que los grandes sueños se juegan en cosas tan pequeñas como azarosas, que el éxito no se siente en el cuerpo más de 5 segundos, que creamos sentidos todos los días y que cualquier cosa, un post como este, puede ser nostálgico o feliz solo dependiendo de quién lo lea y qué sentido quiera darle.
Es entonces cuando me levanto y voy a buscar otro sentido más.
El viaje en micro desde Vicuña Mackenna hasta Grecia con Macul está lleno de caras de personas por las cuales uno se pregunta ¿sabrán lo que hacen? Cientos de personas con el peso de decisiones que tomaron hace años o hace 5 minutos. Todos quieren ser alguien, alguien que ellos mismos prometieron ser. Todo para darle sentido a sus vidas. Y por otro lado esperando el momento mágico, ese encuentro con la persona que aman y que parece sacarlos de sí.
Mi profesor del magíster decía que existen esos encuentros, conmovedores (esa palabra la agrego yo), que se desbordan de sentido, cuando dos personas se miran, se hablan o callan, pero cada cosa que hacen está absolutamente dedicada y complementada con una respuesta y puedes leer mil cosas en ellos. Algo como el amor que tiene en el cerebro un efecto tan fuerte como el de una droga. Tan fuerte es que burla cualquier planificación, previsión o cautela.
Cuando eso sucede todo toma un nuevo sentido. El cielo se ve distinto y te vas a dormir como si el día hubiese estado mejor, como si todos nuestros sueños se hubiesen cumplido, eres el superhéroe que siempre quisiste ser. Al final te das cuenta que los grandes sueños se juegan en cosas tan pequeñas como azarosas, que el éxito no se siente en el cuerpo más de 5 segundos, que creamos sentidos todos los días y que cualquier cosa, un post como este, puede ser nostálgico o feliz solo dependiendo de quién lo lea y qué sentido quiera darle.
Es entonces cuando me levanto y voy a buscar otro sentido más.


vivimos de felicidades nanométricas... efímeras si quieres... pero vivimos de ellas.
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