Aire en Santiago
Martín es como mar y volantín. Para presentarse dijo “que lindo sos”, y fue como si adivinara lo que pensaba cuando lo vi. Fue entonces cuando prematuramente me colgué de sus hilos. Me dijo que si lo seguía podía llegar hasta Buenos Aires, pero yo no sé si se puede viajar en un volantín. Quizás me vaya por mar. Pero aunque aun no puedo estrechar su mano ni escuchar su voz, ya conocí su casa, jugué con sus perros, le hablé tiernamente a su sobrino y creo que hasta saludé a sus padres. Al final del primer día le dije que me llevara a mirar el mar y cuando estuve en la capital le pedí que me llevara a conocer su Facultad. Virtualmente, diría que pasamos mucho tiempo juntos, porque alojé en su casa y tomamos desayuno con dulces argentinos cuyo nombre no recuerdo. Será porque siempre el más dulce fue él, cada vez que mi mano rozaba sin querer queriendo la suya. Martín es como mar y volantín. Por eso cada vez al final del día recojo los hilos, a ver si acaso puedo traerlo un rato hasta acá.


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