La casa de las habitaciones
A veces uno necesita revisitar esos lugares donde estuvo antes, aunque sea de otras formas. Por eso este cuento ocurre en un nivel lejano de la mente, bastante arriba, probablemente a kilómetros de distancia de Santiago, pero en otra dimensión. Allí donde yo me soñaba en una casa llena de habitaciones y de gente hacinada, con miles de quereres y de intenciones, de ruido, de televisión, de voces.
Él quería hablar y yo no quería, tratando de escaparme por la pantalla de televisión, pero me arrepentí un rato después y le busqué. Recorrí cada una de las habitaciones, escapándome también de alguien que no alcanzo a recordar. Lo encontré en una de esas habitaciones oscuras, tapado con una frazada negra y blanco. Dormía.
Iba entonces a despertarlo y desperté yo.
Cuando ya era de día lo extrañé.
Él quería hablar y yo no quería, tratando de escaparme por la pantalla de televisión, pero me arrepentí un rato después y le busqué. Recorrí cada una de las habitaciones, escapándome también de alguien que no alcanzo a recordar. Lo encontré en una de esas habitaciones oscuras, tapado con una frazada negra y blanco. Dormía.
Iba entonces a despertarlo y desperté yo.
Cuando ya era de día lo extrañé.


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