Terminal

Estoy seguro de que cuando viajo dejo siempre algo atrás, incluso antes de esperar un futuro prometedor. Cuando estoy a la espera en el aeropuerto, o en el trámite necesario en el terminal de buses. Ahí todo está de paso. Me acerco al bus, miro hacia atrás y recuerdo a todos los que alguna vez me despidieron justo antes de subir. Los mejores besos tímidos fueron dados al filo de la hora en la que tenía que partir. Y en el camino todos los recuerdos se esfuerzan por llegar conmigo al nuevo destino. Es como si una parte de mi se resistiera a ese cambio mientras la otra corre con prisa.
Cuando viajas solo siempre quedas a la espera. Como si en cualquier momento fuera a aparecer algo que te cambie la vida o confirme que estás en el camino correcto. Por eso algunos cuentan el tiempo para llegar o se quedan dormidos, parece que fuera un tiempo muerto. Mi viaje más recordado fue de Buenos Aires a Santiago. Me quedé solo por primera vez en un país extranjero y viajé de regreso a Chile como estaba presupuestado. En el bus no hubo gran novedad, pero por primera vez me sentí solo. Sin que nadie se preocupara si pasaba frío o tenía hambre. Lo sé, en el futuro sería la tónica pero a mis 20 años apenas si estaba preparado para eso.
Después vendrían muchos otros, especialmente cuando hice el intercambio. Ese fue un viaje constante durante 7 meses haciendo y deshaciendo maletas. Cuando viajas nunca sabes qué necesitarás. Siempre llevas algo de más y siempre se te queda algo. He viajado bastante, pero hay un viaje que aún quiero hacer, el primer viaje acompañado por el amor de mi vida. Díganme cursi o cualquier otra cosa, pero ¿acaso hay una situación más compleja que saber que emprendes un viaje con alguien con quien pasarás toda tu vida? (o por lo menos mucho tiempo) Es complejo, pero aún no puedo escribir sobre eso.
Es difícil para mí dejar Santiago. Me gusta. En todas las épocas del año, bajo cualquier circunstancia, siempre es posible encontrar una forma de sonreír o un lugar donde despejarme de los fantasmas. No he viajado tanto, pero lo suficiente como para decir que Santiago es mi ciudad favorita. Será que los viajes finalmente son una forma de aprender a dónde y a quién perteneces. Una de esas preguntas aún no tiene respuesta para mi.

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