Hoy no hay retorno




Tres años después. Ya habían pasado muchas cosas, había pasado mucha agua bajo el puente, habían pasado muchos infiernos, habían pasado todos los encuentros, habíamos vivido todas las experiencias que podíamos vivir. Hasta antes de cumplir treinta seguro que nos quedaban varias, pero estábamos ahí los cuatro, en los márgenes de nuestra juventud veinteañera. Había pasado un mes de un terremoto, cada uno había pasado más de tres relaciones traumáticas, cada uno había llorado bastante y ahora nos preguntábamos qué mierda era lo que quedaba.

Frente a ellos, a esas tres personas adorables de las cuales poco podía dudar, reconocí que no volvería con ninguna de las personas que había amado. "No te has enamorado entonces", me dijo mi mejor amigo. Yo asentí. Quizás tenía razón. Salí a la ventana, miré las pocas luces encendidas de los edificios, mire la luna y por primera vez logré fotografiar sus detalles en el cielo negro, y nada entonces me hizo falta.

Al día siguiente éramos cuatro, los mismos amigos de hace varios años atrás pero con varias historias a cuesta. Nos conocíamos tanto que quedaba todo al descubierto. Y aunque nos conocíamos tanto el uno al otro, dentro de cada uno seguía existiendo una necesidad de reconstrucción constante. ¿Acaso el pasado vuelve para recordarnos que no podemos escapar de lo que vivimos?, nos preguntábamos riéndonos imitando a la gran Carrie Bradshaw . Nos reíamos, pero sabíamos que en el fondo el pasado volvía.

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