Post-Terremoto (2): Sin daños estructurales

No es ninguna gracia hacerse el test de VIH en medio de una catástrofe que te deja sin agua, con el cuerpo temblando, con el temor de que tu edificio se caiga y con todo un país girando alrededor de una tragedia. Hay que tener una gran voluntad para exponerse a sumar otra tragedia inmediatamente. Matías no sabía que era mejor hacerse el examen entre lunes y miércoles para tener los resultados sin esperar un fin de semana y en cambio el terremoto se le cruzó en el camino de su espera. Aún esperaba. ¿Si él podía por qué yo no?, pensé, y también decidí hacérmelo.

Mientras eso pasaba, en todos los canales de televisión las noticias eran los saqueos y los edificios que se cayeron o quedaron inhabitables debido a serios daños estructurales. Se contabilizaron 17 construcciones con fallas graves solo considerando edificios de altura. En lo que respecta a mi vida el número de daños era similar. Desde que llegué a Santiago comencé a tomar los riesgos de la vida pública y a engancharme de personas al principio con la esperanza del amor eterno y luego con la consciencia de que muy pocas cosas son para siempre. Hoy llevo varios meses solo y de todo esto que escribo tomé drástica consciencia el mismo día en que me encontré con el Jose en el supermercado y no me reconoció, dijo que estaba distinto. Los daños parecían haber agotado la estructura.

Tan trascendental puede ser el dolor de amor en la vida de un hombre que puede llevarlo a escribir un blog tan personal como el que escribí hasta hace unos años sin medir las consecuencias. Mi padre lo leyó y se enojó por lo que escribía, pero un párrafo es territorio de libertad y yo no iba a sacrificarlo. El problema en realidad no era decir más o decir menos; el problema era que había que dejar de llorar y tener miedo. Había que llevar la sinceridad al máximo, pero no solo con los demás sino con uno mismo. Solo ahí las cosas cambiarían.

Matías me llamó la tarde del martes y solo lloró al teléfono. Dijo mi nombre, me preguntó si podía ir a mi casa. Le dije que sí. Espere bastante tiempo y no aparecía. Yo salí de mi habitación y golpié con fuerza la puerta del clóset. Daba rabia que la falta de autoestima llevara a esos extremos. No acostumbro pegarle a las cosas. Lo llamé al rato y todo se tranquilizó. Era negativo, y mi pecho sintió una bocanada de aire reparador.

Ninguna de mis experiencias con el test habían sido poco tensas y supongo que para ningún tipo ha de serlo. La presión social es inmunda, pero esta vez todo se veía tan distinto para mi. Yo recordaba las relaciones con mi ex hace más de un año, mi debilidad emocional, todas las aventuras que tuve tratando de encontrar ahí una luz, y me sorprendía cómo todo ese tiempo había estado buscando en el lugar equivocado. No hay palabras grandes para describir todos mis tropiezos, aunque siempre se aprende de ellos.

Lo noté también cuando volví a ver a Ian, nombre que me hace recordar inmediatamente el roce de mi mano contra su mano cuando lo conocí. Entonces, hace muchos meses, yo dedicaba mi tiempo a un chico que terminó teniendo incontinencia sexual y que me gorreó por lo menos dos veces. Y entonces ¿en qué estaba yo? que le di la mano a Ian y desde entonces cuando lo recuerdo siento -¡cómo decirlo!- la vibración de una cuerda dentro mío. Lo pienso y algo recorre los nervios. Pasó el tiempo y solo pude guardarlo en el público Facebook hasta que ya me sentí liberado de todo el pasado, como para hablarle e invitarlo, para probar hacer lo que parecía estar contenido en mí.

Mucho estaba contenido en mí, y aunque no lo he vuelto a ver, no puedo evitar pensar en lo agradable que fue volver a verlo, o simplemente conversar sin el ruido de aquel club que ya no existe. Me gustó su compañía, pero tan impresionante como eso es poder escribirlo sin temor. Quizás lo lee, quizás lo vuelvo a ver y entonces podré probar denuevo qué pasa cuando su mano toca la mía ¿Qué pasa cuando todo comienza de nuevo? Yo ya estaba listo para que llegara, pero también para dejarlo ir, para que Ian fuera simplemente lo que tenía que ser y yo ser lo mejor que he logrado viviendo.

Nada mejor que tener un corazón fuerte, seguro y abierto para aquella persona o circunstancia que llega sólo cuando tienen un espacio donde llegar. "No había que tentar al destino y hay que esperar al indicado", cruzábamos con Matías palabras sobre la lección de este episodio que nos había hecho olvidar incluso nuestras rencillas. Había algo de cada uno que defender. Al día siguiente mi test de VIH también fue negativo, pero tanto o más que ese resultado lo bueno era que antes de saberlo yo ya tenía claro lo que tenía que hacer. "No tenemos daños estructurales", le comenté a Matías antes de entrar al club esa noche. La reconstrucción post-terremoto tiene que ser necesariamente apoteósica. Sonreímos.

Comentarios

  1. Es bueno que aprendas de tus tropiezos, estas despierto, cuentas con una suerte que no muchos poseen, detenerse a pensar y respetar los tiempos después de una reflexión racional...
    Cuando tu corazón esta fuerte y preparado para lo que el destino te tiene preparado comienza realmente lo que quedara, lo demás es "chimuchina" y los cuentos quedan para los de mentes pequeñas capaces de tragarse cualquier cosa. Lo que importa realmente es que cuando vas a dormir y apoyas tu cabeza sobre la almohada, lo visceral y las buenas costumbres quedan atrás, si duermes tranquilo no hay nada que cuestionarse. Lo que llega, llegara en calma y con una pausa necesaria para entender todo lo mal hecho antes, es una prueba y si llega y cuadra en tu tranquilidad, bienvenida sea, si no, pues tu corazón ya estará fuerte y podrá seguir adelante.
    Y ¿que pasa cuando todo comienza de nuevo? tienes la suerte de tener una oportunidad mas para probar y aplicar lo que antes aprendiste, después de todo no caíste en el juego de las noches cortas con distintas personas, por lo tanto, eres realmente afortunado.

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  2. Dicen que no hay otra forma de ganar la vida que renunciando a todo, porque es muriendo como se resucita, porque hay que morir para vivir, lo han dicho de muchas formas y creo que es eso. Cuando comienza todo de nuevo sigues estando nervioso pero ya sabes que vales el doble (por lo que hiciste) y al mismo tiempo nada (por toda la fragilidad). Y eso es bastante cerca de la felicidad...

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